¿Vives es un estado compulsivo?

Si estás dentro de un escenario de vida en la que todo el tiempo estás ocupado y pre-programado, puedes verte en un estado compulsivo. La mente va de un pensamiento a otro de forma rápida y esta velocidad se convierte en estrés físico, hambre, gula, mal humor o simple falta de alegría. Terminas con algo y ya empiezas con otras cosas. Tus palabras son compulsivas. Salen sin ser valoradas. Entras en discusiones tanto si tienes razón como si no. Al final podemos convertirnos en un ser autómata dirigido por la costumbre, defendiendo la memoria y proyectando el mismo futuro desde los mismos actos. Se trata de una vida compulsiva.

Puedes tener momentos de lucidez en los que admitas que algo no está del todo bien. Te das cuenta de tu aceleramiento o de tu distracción absoluta pero no tienes ningún freno para regularlo. Te sientes agotado y desmotivado porque en tu día a día, tú no estás presente, solo hay obligaciones que atender y un ritmo frenético que te hace consumir tu vida sin vivirla.

Vivir la vida es saborearla, tocarla y valorarla. Es como ir en tren y disfrutar del paisaje. Puedes estar en un tren, pasar por valles preciosos y no disfrutar de nada si tu mente está en pensamientos compulsivos. Estás en la cocina y piensas en el trabajo. Estás en el trabajo y piensas en tu pareja. Estás con tu pareja y tu mente está en otro sitio. ¿Por qué no vivir cada momento plenamente sin estar en otro sitio? ¿Cómo se hace eso posible?

Es imposible salir de ese estado sin darse cuenta de la necesidad de hacer algo al respecto. Solo se suele salir de ahí cuando una desgracia asoma a nuestra vida. Cuando algo está tan mal que nos invita a replantearnos el sentido mismo de todo lo que hacemos. ¿Vamos a esperar a ese momento?

Puedes estar sintiendo hace tiempo que aunque donde estás encaja perfectamente con lo que planeaste en el pasado, encaja en la sociedad y con lo que los demás expectaban de ti, quieres escapar. Necesitas escapar, rendirte o abandonar. Quizás, ni siquiera eso. Quizás ni siquiera nada de lo que te rodea se corresponde con lo que tu corazón anhelaba. Siendo así ¿cómo has llegado hasta aquí? Somos perfectos soldados sociales y alimentamos una sociedad que funciona muy bien en unos aspectos y no tanto en otros. Pero además de ser soldado social y cumplir con tus deberes, hay algo que necesita ser atendido y parece no tener cabida en el mismo sistema. Tu esencia.

Algo de ti quiere algo más. Algo de ti quiere ser libre. Algo de ti quiere disfrutar de la vida. Pero a veces, por mucho que viajemos, complazcamos placeres, se hace imposible sentirse pleno. Otras veces, debido a la carencia de libertad y al alto grado de estrés, buscamos placer en cosas que no nos ayudan a estar mejor: comer en demasía, ver la televisión desmedidamente, beber por beber, distraerse con cualquier cosa… Vamos de extremo a extremo o nos quedamos quietos acurrucados en lo conocido. Pero, ¿es distraerse con cualquier cosa una forma de vivir o simplemente una forma de consumir tiempo, de consumir tu vida? ¿Lo que haces hoy es lo mismo que harías si supieras que no te queda tanto tiempo? ¿Qué anhelarías haber hecho en tus días finales?

El cambio puede darse de dos maneras: con una transformación radical y un abandono o bien con un cambio de actitud desde donde estás ahora. Un salto de perspectiva. La comprensión verdadera.

Te relacionas con el mundo desde los sentidos y la interpretación que hace tu mente: me gusta – no me gusta, mejor-peor, alto-bajo., bueno- malo… Todo pasa por una valoración, un juicio y una conclusión. Pero, ¿es tu programa de discernimiento fiable? ¿Cómo se ha formado tu criterio para vivir?

Sea como fuere, mucho de lo que piensas se basa en la memoria de lo aprendido. De lo que se ha dado por bueno o por malo ¿Es todo lo aprendido cierto, necesario o válido? Las respuestas y los pensamientos son repetitivos. Se vive dormido y cansado de todo lo viejo.

Hay que salir de ahí. Por ello son tan útiles la meditación contemplativa y la meditación reflexiva. Ambas te llevan a cambiar la perspectiva en la que te encuentras y te permiten Ver las cosas tal y como son y no como las ves desde la memoria. ¿Estás seguro de que hoy por hoy tienes la capacidad de ver las cosas tal y como son? ¿O las ves de la manera que más te conviene para mantenerte en la queja o en la postura que te permite estar cómodo? Solo si eres capaz de ver las cosas tal y como son, más allá de tus intereses positivos o negativos, podrás gestionar tu vida tal y como quieres y dentro de lo que es posible. Solo si puedes ver las cosas tal y como son, podrás decidir vivir la vida más allá de consumirla.

Si ves que estás consumiendo tiempo, generando dinero pero sin vivir ¿qué sentido tiene estar vivo?

Uno debe emprender el camino que le permita encontrar el equilibrio entre sobrevivir y vivir, entre atender responsabilidades y vivir. Al final todo es cuestión de volver a una mirada limpia de prejucios que nos permita reconciliar las responsabilidad con la libertad de vivir plenamente.

Discernir lo importante de lo menos importante, lo necesario de lo innecesario, lo verdaderamente posible de lo imposible…

Todo ello será posible si;

1. Despertamos: nos damos cuenta de la necesidad de salir de lo automático: de la reacción.

2. Hacemos algo diferente para poder recuperar la mirada pura.

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