Si no niegas la evidencia, ninguna fuerza te obligará a verla

Lo sepamos o no, somos más responsables de nuestra mala suerte de lo que creemos. No nos atamos los cordones por pereza, dejamos a la suerte que se nos crucen o no. Luego, nos pisan y nos tropezamos. Caemos y nos rompemos el tobillo. ¿Quién ha provocado la caída?

El que se queja dirá que ha sido un estúpido que se le ha cruzado. El que analiza, se da cuenta que debe ser más cauto y prevenir riesgos. Ambos podrían haber sido más atentos.

No siempre la causa de la caída es tan clara. Pero más veces de las que creemos somos causa directa e indirecta de nuestro malestar. La falta de relación certera entre causa y consecuencia nos mantiene en un ciclo vicioso de repetición de estados indeseables.

La evidencia se vuelve opaca cuando asumir responsabilidad se vive como una carga. Nadie quiere pagar precios. Se anhelan resultados rápidos. Esfuerzos mínimos. Quererlo todo y no estar dispuesto a perder nada o ceder muy poco. Ello nos lleva a obviar demasiadas aspectos que intervienen en las consecuencias. Por obtener un beneficio rápido o evitar una responsabilidad necesaria, acabamos asumiendo tarde o temprano las consecuencias de la falta de visión clara. Si te olvidas una arandela en una parte del motor, la falta de esa pequeña y aparentemente insignificante pieza, impedirá que el motor funcione más adelante, además el motor dejará de proporcionar aquello para lo que estaba destinado. ¿Quién rompe el motor?

La rotura de algo es una manifestación de fuerza volviendo a un equilibrio. Un desequilibrio determinado se rompe para pasar a un nuevo equilibrio. Si quieres mantener un equilibrio debes tener muy en cuenta qué es lo que lo permite. Si algo se rompe, algo estaba desequilibrado. ¿Qué lo estaba?

Por ello es bueno empezar a analizar las fuerzas que soportamos como pistas para descifrar qué podemos estar no teniendo en cuenta. La inteligencia se agudiza. Lo que importa de verdad es lo que ES, no lo que interpretamos y damos por válido. Porque con la visión clara, el error se minimiza y también el sufrimiento. Ser inteligente, honesto y claro con uno mismo es sufrido pero no tanto como no serlo.

La queja y las excusas son pistas que debes seguir para darte cuenta que estás evitando una responsabilidad necesaria para tu bienestar y el del entorno que te rodea. No todo vale. Los equilibrios existen y deben respetarse si no quieres sufrir el impacto del desequilibrio.

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